Después de la búsqueda del hotel y de pasar la noche, partimos temprano a conocer las ruinas griegas de Agrigento que son de las mejores conservadas que existen. Las verdad es que las ruinas eran realmente espectaculares. Además, Matías se las caminó enteras, como todo un niño mayor. Nosotros ya no aguantábamos más cargando dos coches por ruinas, así que agradecimos el esfuerzo (Mc Donalds como incentivo de por medio) hecho por él.

Templo de la Concordia en Agrigento
Ignacia y el Templo de Hera Lacinia en Agrigento
Ignacia y Matías en el Templo de Hércules en Agrigento

En la tarde, partimos a recorrer el centro de Agrigento en auto, hasta que llegamos a la plaza de la catedral. Ahí el GPS decidió que la mejor salida era a través de unas calles que se iban angostando cada vez más, hasta que, simplemente, ya no cupimos. Así que el auto quedó con un recuerdo de una muralla de Agrigento, que afortunadamente el seguro lo cubrió entero.

Templo de los Dióscuros en Agrigento

En la noche llegamos a Erice, con una niebla que no se veía prácticamente nada, por lo que optamos por refugiarnos en el hotel y partir la visita al día siguiente.

Durante la mañana del siguiente día recorrimos esta ciudad medieval, que es realmente espectacular. Lo más destacable en ella son el castillo, la catedral y sus calles. Aquí se nos sumó el grupo del año nuevo con el cual aprovechamos a almorzar.

Vista desde Erice
Juan Pablo, Matías y Pedro en Erice Castillo en Erice
Castillo de Venus en Erice Catedral de Erice
Todos posando frente a la Catedral de Erice Ignacia, Matías, Trini y Maida con la vista desde Erice

En la tarde, antes de partir a Palermo, pasamos por las ruinas griegas de Segesta a ver…, bueno, más ruinas.

Caco y el Pelao en el Teatro de Segesta
Templo de Segesta